LA SOMBRA DEL GLOBO

Una de las incógnitas ante las que se enfrenta la comunidad internacional en esta nueva década es el rumbo que tomarán los acontecimientos en Corea del Norte, que junto con el protagonismo consolidado de Al Qaeda y sus ramificaciones y la ascensión político-militar de China, plantean unos retos únicos de seguridad estratégica a nivel mundial.

Existen predicciones y numerosas teorías sobre cuál será el desencadenamiento de este conflicto, desde estas líneas creemos que para extraer conclusiones sobre cuál sería el efecto desencadenante de una posible desintegración del estado y qué países se verían involucrados directa o indirectamente, es necesario introduciros en la gestación del régimen y qué ha pasado para encontrarnos en esta situación actual.

Un hipotético hundimiento del régimen norcoreano supondría un acontecimiento que trazaría los rasgos de un nuevo siglo militar asiático.

Antecedentes históricos

El 25 de junio de 1950 tropas norcoreanas comunistas cruzaron el Paralelo 38 e invadieron Corea del Sur. Este hecho fue una desagradable sorpresa para Estados Unidos ya que la invasión se produjo tan solo cinco años después de finalizar la II Guerra Mundial.

Al haber ocupado Japón, para Estados Unidos residía una responsabilidad estratégica sobre el territorio y más en concreto sobre la Península de Corea.

Solo se necesitaron unos meses para que una fuerza de la ONU, en práctica el ejército americano, hiciera retroceder a las tropas norcoreanas hacia el Paralelo 38. Pero posteriormente, los norteamericanos decidieron adentrarse en Corea del Norte y la consecuencia de ello fue la entrada de China, con apoyo militar de la URSS, en la guerra, que se prolongó durante casi 3 años.

El Régimen de Pyongyang

La visión de Kim Il Sung, fundador del estado comunista, era algo así como una mezcla del discurso beligerante de Lenin con la opinión expresa en Mein Kampf por Hitler, en el que se viene a decir que un organismo que no lucha siempre muere. El juche, la filosofía de autosuficiencia del régimen, definida como “absolutismo del querido líder”, pervirtió el espíritu confuciano convirtiéndolo en un medio para controlar una población entera, pero también fue un líder guerrillero antijaponés carismático con una amplia popularidad.

Kim Jong Il, expertamente tutelado por su padre (Kim Il Sung), consolidó el poder en parte por sí mismo y manipuló a los chinos, estadounidenses y surcoreanos durante la década de los noventa para obtener subvenciones.

Andrei Lankov, catedrático de historia en la Universidad Kookmin de Seúl, comentó que el régimen de la familia Kim era poco corriente en el sentido fundamental en estados comunistas. Incluso en sistemas estalinistas como el de la antigua Alemania Democrática y la URSS de Leonid Brezhnev, los hijos de los altos funcionarios del partido rara vez seguían los pasos de sus padres. Pero en Corea del Norte los altos funcionarios engendraron altos funcionarios. El régimen se autoperpetuaba biológicamente.

Tras la caída del muro y el fin de las subvenciones del bloque del este, Corea del Norte sigue andando con paso lento, resistente e implacable, aunque se vislumbran síntomas de debilitación con el paso de los años.

El Ejército de Corea del Norte, de 1,2 millones de hombres –el quinto más grande del mundo- se estaba desplegando cada vez más hacia delante, hacia la frontera con Corea del Sur. Para los militares estadounidenses podía llegar a ser la pesadilla terrestre que seguía a Irak.

Corea del Norte presume de tener 100.000 efectivos de Operaciones Especiales bien entrenados, alimentados y equipados. Además posee unos de los arsenales químicos y biológicos más grandes del mundo  y su ejército está adiestrado para operar en un entorno químico.

La experiencia iraquí sugería que un posible desmoronamiento de la infraestructura gobernante en Pyongyang, combinado la mentalidad guerrillera de las Fuerzas Armadas norcoreanas, podía desencadenar una anarquía generalizada, así como movimientos migratorios dentro y fuera del país. La palabra insurgencia nos viene a la cabeza, lo cual obligaría la necesidad de asumir el control inmediato de las instalaciones nucleares y demás plantas químicas.

Si se produjera un cataclismo de tales dimensiones, en palabras del coronel de las Fuerzas Especiales del Ejército de Tierra de los Estados Unidos, David Maxwell, “podría ser la madre de todas las operaciones de ayuda humanitaria”.

Según Robert Collins, principal experto civil en la zona de Corea para las Fuerzas Especiales estadounidenses, las siete fases del hundimiento del norte serían:

  1. Agotamiento de recursos.
  2. Imposibilidad de mantener infraestructuras debido al agotamiento de recursos.
  3. Aparición de feudos independientes y corrupción extendida para burlar un gobierno central en crisis.
  4. Tales tendencias alcanzan un punto en el que el régimen tiene que intentar reprimirlas.
  5. Resistencia contra el gobierno actual.
  6. Quiebra del régimen.
  7. Formación nuevo liderazgo nacional.

Probablemente se llegó a la fase 4 a mediados de los noventa, pero se salvó gracias a las subvenciones de China y Corea del Sur, además de la ayuda contra el hambre de Estados Unidos. Ahora habría regresado a la fase 3.

¿Qué pasaría si se produjera una desintegración súbita del régimen?

Podcast extraído del libro “Por Tierra, Mar y Aire” de Robert D. Kaplan

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