La percepción que sentimos los ciudadanos en situaciones de crisis como la que venimos padeciendo es la de una mayor inseguridad.
Este es un hecho cierto y refrendado por las estadísticas policiales aunque debidamente matizadas por el efecto negativo de la alarma social.
La Seguridad debe contemplarse como una necesidad básica individual y familiar, alejada de los bienes de consumo adquiridos por incitación publicitaria o por efecto “rebajas”.
Los riesgos a los que nos enfrentamos actualmente han evolucionado a lo largo de los años en función de las motivaciones delictivas y de sus actores, sumándose bandas internacionales expertas en distintas áreas -pisos, viviendas unifamiliares, vehículos de transporte, vehículos de gama alta, secuestro exprés, etc… – que obligan a los especialistas en seguridad a elaborar planes y dispositivos específicos para evitar o minimizar sus efectos.
Cualquier proyecto de seguridad individual o familiar debe tratarse de forma personalizada, aunque se trate de una pequeña instalación, acomodando los dispositivos y servicios a las necesidades planteadas y, con especial atención, a la protección de las personas residentes por encima de los bienes.
Sin duda alguna la tecnología actual nos permite disponer de una amplia gama de productos que permiten crear circuitos externos de protección, garantizando la detección de intrusos previa al acceso a la vivienda.
También se ha evolucionado en los sistemas de visión día-noche mediante cámaras de vigilancia conectadas a los sistemas de TV domésticos, sincronizadas con los detectores periféricos y con transmisión a Centrales Receptoras de Alarmas.
La conexión con estas operadoras debe garantizarse con distintos sistemas de transmisión inmunes a cortes de línea o inhibidores de frecuencia, ya que su actuación es básica a efectos de transmisión de emergencias o auxilio a las fuerzas de policía..
No hagamos de la Seguridad una obsesión pero tampoco obviemos la realidad de nuestro entorno recordando que “prevenir es mejor que curar”.