Transcurrido el primer trimestre de 2010 ya podemos analizar los datos económicos del país confirmando lo que muchos nos temíamos, que la anunciada recuperación va para largo.
Esta misma semana hemos conocido cifras del incremento del paro a nivel nacional y autonómico, con el ratio de morosidad bancaria en aumento, especialmente por impago de hipotecas.
Las empresas, a pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno (más propagandísticas que efectivas) no mejoran su situación y con toda probabilidad continuarán soportando el peso de la crisis y cesando su actividad sin limitación de sectores.
Nuestra sociedad vive un delicado momento de desencanto con sus líderes políticos. La baja credibilidad que transmiten ha sido ganada a pulso en base a una nula política de reacción ante una crisis global, negada hasta la saciedad y con la única pretensión de salvaguardar sus cargos políticos.
Tampoco ayuda el conocimiento continuado de escándalos que afectan a los diferentes Partidos sin limitación geográfica ni volumen económico. Los datos que trascienden causan sonrojo e indignación acentuados por la desfachatez con la que se justifican.
Las advertencias de algunas potencias sobre el peligro de nuestra economía, junto a las de Portugal y Grecia, no hacen presagiar un horizonte optimista. Observando la imposibilidad de recuperación del mercado inmobiliario a corto y medio plazo, nos resta el sector turístico al que habrá que encomendarse para asegurar la supervivencia del sector servicios, aunque el anunciado incremento del I.V.A. en los próximos meses, contra el criterio de reputados economistas nacionales e internacionales, poco va a ayudar.
Esperemos que la situación económica no incremente más los niveles de delincuencia, bastante alterados a nivel urbano, y que los últimos éxitos de nuestra policía en la desarticulación de bandas organizadas tenga la contundencia penal para disuadir a éstas de implantarse en nuestro territorio.